Cuando los asesores de viajes se convierten en héroes
Imagina que tienes unas vacaciones soñadas. Has ahorrado durante meses. Reservaste un hotel espectacular en Dubái, con vistas al mar y una piscina en la azotea. De repente, enciendes la televisión y ves que ese mismo hotel está envuelto en llamas. Que hay bombardeos. Que miles de personas están varadas en aeropuertos sin poder regresar a casa.
Eso es exactamente lo que está pasando desde que estalló la guerra contra Irán. Y no ocurría algo así desde la pandemia de covid en 2020.
Una sacudida global
La guerra ha provocado la cancelación de decenas de miles de vuelos. Las imágenes de rascacielos ardiendo en Dubái y Abu Dabi han dado la vuelta al mundo. Los expertos en viajes aseguran que este conflicto es mucho más grave que otras crisis en la misma región.
De hecho, la web especializada Travel Weekly batió su récord de visitas en un solo día justo después del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán. Eso demuestra una cosa: todo el sector de los viajes está desesperado por entender qué está pasando.
Lo que dice un presidente… y lo que dice al día siguiente
Para empeorar las cosas, los propios líderes políticos están mandando mensajes contradictorios. Y cuando hablamos de mensajes, hablamos de palabras que mueven los mercados… y el bolsillo de los viajeros.
Por ejemplo, el 9 de marzo de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que la guerra estaba «muy completa». Al oír eso, el precio del petróleo se desplomó: pasó de casi 120 dólares por barril (un precio altísimo, el más alto en cuatro años) a menos de 80 dólares en solo 24 horas. Y las bolsas de valores subieron, porque la guerra «terminada» da tranquilidad.
Pero al día siguiente, Trump advirtió que si Irán amenazaba el estrecho de Ormuz —un paso de agua por donde viaja el 20% del petróleo del mundo—, las consecuencias militares serían «de un nivel nunca visto». El mercado volvió a temblar. La revista financiera Barron’s calificó esta situación como una «volatilidad histórica» en el precio del petróleo.
¿Y qué tienen que ver los viajeros en todo esto? Pues que, al igual que el petróleo y Wall Street, los turistas odian la incertidumbre. No saben si comprar un vuelo, si cancelar, si viajar o quedarse en casa.
El extraño caso de Egipto: ¿país de riesgo o no?
Las palabras importan. Y a veces, las agencias de gobierno generan más confusión que ayuda.
El 28 de febrero, el Departamento de Estado de EE.UU. publicó una alerta para 14 países. Decía: «Salgan ahora». Y entre esos países aparecía Egipto. Los egipcios se molestaron, con razón, porque no se explicaba por qué estaban en esa lista. Además, curiosamente, Egipto seguía teniendo un nivel de alerta 2 (de 4), que es el mismo que tienen Francia o el Reino Unido. Ese nivel solo recomienda «tener precaución», no huir del país. La embajada estadounidense en El Cairo seguía funcionando con normalidad, y los aeropuertos egipcios estaban abiertos.
Pero muchas empresas de viajes, al ver la alerta, cancelaron todos sus viajes a Egipto durante todo marzo. Una de ellas, la famosa compañía de cruceros Viking, canceló sus travesías por el río Nilo. Pero luego, al comprobar que Egipto no estaba en el centro del conflicto, decidió reanudarlas a los pocos días.
Un asesor de viajes resumió el problema así: «Esto es una tragedia, porque sacude la confianza de los viajeros». Y la confianza, una vez perdida, cuesta mucho recuperarla.
¿Y ahora qué pasa con las próximas vacaciones?
El problema es que la guerra se ha extendido rápido. Irán atacó lugares que todo el mundo consideraba seguros, como Dubái y Abu Dabi. Eso tiene en vilo a la industria del turismo. Y llega justo antes de las vacaciones de primavera y del verano, las épocas de más viajes.
Los expertos temen más cancelaciones de vuelos y precios disparados. En este caos, hay algo que todos los viajeros deberían poder esperar: información clara y coherente, que refleje lo que realmente pasa en el terreno.
El momento de brillar para los asesores de viajes
A pesar de todo este caos, hay quien ve una oportunidad. Y es que los buenos asesores de viajes —personas reales, no una página web— están demostrando por qué son tan valiosos.
Ya lo hicieron durante la pandemia, con huracanes, terremotos y otras guerras. Ahora vuelven a hacerlo.
Alex Sharpe, director ejecutivo de Signature Travel Network, lo explica así: «El mundo de los viajes cambia constantemente. Muchas veces ni nosotros ni nuestros clientes tenemos control sobre lo que pasa. Pero ahí es exactamente donde los asesores crean lealtad. Ahí brillan nuestra experiencia y nuestros contactos».
Sharpe reconoce que el conflicto tiene consecuencias importantes, pero no cree que vaya a hundir la industria del turismo. ¿Por qué? Porque, en realidad, el número de viajeros que van a la zona afectada es relativamente pequeño. Lo que de verdad diferencia a un asesor de una página de internet es su capacidad para gestionar las expectativas del cliente, escuchar sus miedos y ayudarles a tomar buenas decisiones.
Cambiar el destino, no las ganas de viajar
Cuando una región del mundo se vuelve insegura, los buenos asesores no se quedan de brazos cruzados. Simplemente ayudan a sus clientes a elegir otro destino. Y eso ya ha pasado antes.
Por ejemplo, solo una semana antes de que empezara esta guerra en Irán, hubo violencia relacionada con el narcotráfico en algunas zonas de México. Las autoridades estadounidenses pidieron a sus ciudadanos que no salieran de sus hoteles en ciertos destinos turísticos. Y los asesores de viajes actuaron igual: ayudaron a los que estaban allí y a los que tenían viajes pendientes a buscar alternativas.
Por eso, el mensaje principal que los líderes de las agencias de viajes están transmitiendo es claro: esto es una guerra regional, no mundial. La gente sigue viajando, solo que con más cuidado y mejor asesorada.
Como dice Angie Licea, presidenta de Global Travel Collection: «Los viajeros son conscientes de la zona afectada, pero no han dejado de viajar. Solo están más informados».
Así que ya sabes: si el mundo tiembla, no consultes solo internet. Habla con un buen asesor de viajes. Esa persona puede ser la diferencia entre un caos sin fin y unas vacaciones inolvidables… en otro lugar.
